7 de diciembre de 2012

Los directivos de paso nunca consiguen ser directivos de peso

La frase que da título a esta entrada la encontré en uno de los libros que cayeron en mis manos este verano: Piensa, es gratis, de Joaquín Lorente.

Es una de las afirmaciones más sensatas que he escuchado en mucho tiempo, sobre todo si la analizamos desde la perspectiva de la administración pública. Las personas que trabajamos en ella podríamos escribir largo y tendido sobre el tema.

Cuatro años es el tiempo mínimo que necesita el directivo para dar sus frutos a la organización, concluye el autor. Luego su verdadera época de esplendor se produce a partir de entonces, cuatro años.

Y en la administración pública cuatro años es la fecha de caducidad de muchos directivos públicos. Cuando pueden empezar a dar lo mejor de ellos, cuando conocen perfectamente el terreno que pisan, cuando la experiencia deja de ser una carga, entonces puede ser que se marchen, y volvamos a empezar, con otro directivo nuevo, con otros cuatro años de aprendizaje, siempre con la incertidumbre en el horizonte.

Pasan los años, pasan los gobiernos, pero nadie es capaz de ponerle solución al problema, de poner en marcha una verdadera dirección pública profesional.

Todo esto lo explica mejor Rafael Jiménez Asensio en ¿Quiénes deben dirigir el sector público? Como muestra un botón:
El directivo público no tiene que ser “de los nuestros”, sino participar con sus herramientas profesionales y con lealtad institucional en “un proyecto de gobierno”.
Resulta como mínimo curioso que sea el sector privado, ese que ahora parece que nos quiere fagocitar, quien nos venga a dar la razón. No hay empresa pública o privada que soporte esa rotación de directivos.

Aquí tenéis el texto completo de este principio: Los directivos de paso nunca consiguen ser directivos de peso.

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