15 de enero de 2012

¿Dónde quedaron las utopías?

El progreso no es más que la realización de las utopías. Oscar Wilde.
Cuando hablamos de problemas comunes nuestra conversación se encuentra siempre salpicada de términos económicos. El PIB no termina de despegar, más bien se hunde, el diferencial de la deuda es demasiado elevado, los índices bursátiles han bajado de nuevo...

Si hablamos de trabajo lo hacemos para discutir sobre una reforma laboral para satisfacer a los mercados primero y para crear empleo después.

Mientras, algo en lo que todos estamos de acuerdo, temas sobre los que no cabe discusión, parecen tapados, o reservados para tiempos mejores.

Quizás olvidemos que no vendrán tiempos mejores si no los ponemos una vez más sobre el tapete.

Creo que no cabe discusión sobre nuestra intención de que nuestros hijos vivan mejor, o al menos igual que nosotros. No cabe en nuestras cabezas que lo hagan peor.

Es preocupante la falta de previsión, de interés, por el futuro cercano. Rodeados y bombardeados por una sociedad que nos incita a consumir para crecer.

Incluso para mantenerse en el estado actual el consumo ha de incrementarse, iniciando una escalada cíclica insostenible.

Pero si me inquieta el escaso interés por el futuro cercano, me alarma la frivolidad con la que jugamos con la calidad de vida de nuestros hijos.

Y si la futura calidad de de vida "material" de mis hijos me intranquiliza, su calidad de vida ética, moral y educativa lo hacen aún más.

Que mis hijos vivan mejor que yo es para mí importante, aquello de que tengan más y mejores oportunidades, pero que mis hijos "sean" mejores que yo es para mi vital.
¿Donde quedaron las utopías? Esas utopías que suelen nacer cuando la realidad que nos rodea, el mundo en el que vivimos comienza a fallar. Cuando no cubre las necesidades de una, cada vez más amplia mayoría.

La utopía, como dice Anatole France, es el principio de todo progreso y el ensayo de un futuro mejor. Sin ella nos estancaremos en el pasado y las acciones que emprendamos no harán sino perpetuar el sistema actual, con los mismos errores y fracasos.
La filosofía del aquí y ahora, la improvisación, ese "que en el futuro piensen otros que yo bastante tengo con lo mío", en definitiva, esa desafección, acabará matando la utopía y por ende el progreso de la mayoría, en favor de unos pocos.


13 de enero de 2012

La Administración Pública como vínculo débil

Mark Granovetter en “La fuerza de los vínculos débiles” trabajó con los conceptos de “lazos fuertes” y “lazos débiles” dentro de las redes sociales:

“Los lazos débiles son conexiones con las que no tenemos gran interactividad, pero forman parte de la red y resultan fundamentales para el enriquecimiento mutuo. La importancia de los lazos débiles radica en que favorecen redes menos estructuradas y permiten generar puentes entre sub-grupos transportando la información e ideas por fuera del círculo social”.

Hasta ahora se ha querido poner al ciudadano como centro de la estrategia de la Administración (unas veces con más éxito que otras). También en ciertos ámbitos se ha intentado segmentar la población en grupos más o menos homogéneos, con técnicas propias del marketing, a imagen de la empresa privada.

En una época de eclosión de las redes sociales basadas en internet es hora de prestar también atención a nuestra conexión con esos grupos, así como entre ellos y los propios ciudadanos.

¿De qué manera están conectadas las Administraciones con el ciudadano? ¿Podemos asegurar que la Administración Local es la más cercana a ellos? ¿Cercana en el sentido de proximidad geográfica? ¿O cercana porque es con la que más relaciones puntuales tiene?

Ha surgido una nueva forma de comunicarnos, de relacionarnos, perfectamente compatible con las anteriores, pero cada vez más usada y demandada por los ciudadanos en sus contactos con la Administración Pública.

La Administración debe dejar de ser una organización con la que nos relacionamos esporádicamente y constituirse como un contacto de calidad, no siempre presente, es cierto, y con una unión mucho más débil que con otros nodos, por supuesto, pero influenciada por una nueva forma de entender el papel que desempeña ante la ciudadanía. Una Administración abierta y en red.

Una Administración que provoque la creación de esos puentes entre grupos y personas, que transporte la información entre ellos y sea capaz de agilizar los flujos de conocimiento.

Tenemos que comenzar a concentrarnos en los lazos que unen a las personas. Una administración centrada en las personas, pero también una Administración centrada en la red, formada por las personas y sus conexiones.

La administración debe estar en la red para ofrecerse como vínculo a los ciudadanos, ya que lo que necesitamos en este nuevo y complejo escenario son conexiones, unas fuertes y otras débiles, pero de calidad.

10 de enero de 2012

Educar para participar

A veces me he preguntado si al pedir un cambio de democracia representativa a otra más participativa somos conscientes de las obligaciones que ello nos acarrearía.

La democracia representativa nos viene bien porque únicamente nos pide que participemos en las urnas. Esto nos da pie a quejarnos, pero sin hacer nada para evitar aquello por lo que nos quejamos. Porque no queremos o no nos interesa perder nuestro tiempo libre en colaborar con esa nueva democracia. En participar.

Por ello cada vez veo más importante tener en cuenta la frase de Alberto Ortiz de Zárate: "No hay buen gobierno sin buenos ciudadanos".

Si queremos democracia participativa, si queremos Open Government, debemos reivindicar más educación para la participación.

Pero no sólo educación para la participación en el ámbito no formal, sino en el formal y con todas sus consecuencias.

Educación para la participación desde el colegio, desde la más tierna infancia. Eso sí sería Escuela 2.0.




Foto de hyperion327

5 de enero de 2012

De turismo por la Administración Pública

En los últimos días se ha reavivado el debate entorno a una Dirección Pública Profesional. En"Sobre la dirección pública profesional", Iñaki Ortiz deja muy clara su opinión, muy lógica y compartida, Félix Serrano centra un poco más la discusión entorno al perfil del directivo en Directivos públicos: ¿políticos o funcionarios?

Quiero creer que en mis post me he caracterizado por llamar a las cosas por su nombre. Y la verdad es que en torno a este tema me da exactamente igual quien sea el directivo público, únicamente quiero un buen directivo, comprometido e implicado en el trabajo. La discusión entre insiders y outsiders no me parece tan importante.

Alguien ajeno a la administración pública, que no conozca el terreno puede aportar un soplo de aire fresco, un cambio de actitudes, o todo lo contrario, puede darse contra un muro que al final no pueda sino bordear. Por otro lado el aspirante de dentro, conocedor profundo de los entresijos de la administración puede hacer girar más rápidamente los engranajes, pero también puede verse afectado por los mismos defectos de los que adolece este tipo de organizaciones.

Lo que si comparto con casi todos los que han comentado sobre este tema es la necesidad de que exista un procedimiento profesional de selección de directivos públicos.

Lo que no alcanzo a comprender es que si en la empresa privada la temporalidad en los cargos se tiene tan asumida, si el empleo no es para toda la vida, ¿por qué cuando alguien llega a este tipo de cargos directivos públicos esa misma temporalidad lo inunda todo?

Porque de lo que estoy cansado es de turistas en la administración pública, tanto funcionarios como políticos. Que acceden al puesto de dirección sin una idea clara, sin objetivos ni planes que desarrollar, más que unas lineas de un programa electoral, ambiguo y que realmente no dice nada. Incapaces o sin la suficiente motivación para emprender acciones de calado o más largo plazo.

No quiero decir con esto que todos sean así, ni que su actitud o aptitud se prolongue durante los años que están al frente de su cargo. Al final muchos suelen ser buenos gestores, justo cuando los cambian por otros. Y vuelta a empezar.