El 18 de septiembre se celebra el día internacional del Software Libre, día en el que volvemos a plantearnos multitud de interrogantes, a la vez que nos felicitamos por los avances conseguidos.
Como siempre los más apasionados predicen el despegue inminente, "este será nuestro año", mientras los más reticentes siguen viendo multitud de obstáculos para que sea adoptado mayoritariamente.
La verdad es que el movimiento, la cultura y filosofía que ha surgido alrededor del Software Libre va mucho más allá del mero software. Es casi toda una ideología.
Para algunos de sus evangelizadores este será la palanca para un cambio de modelo económico, afectando al modo de entender sectores tan importantes como la educación y las propias relaciones sociales, modificando sustancialmente nuestra forma de difundir el conocimiento.
Estamos a caballo entre dos modos de entender el negocio. Los modos del software propietario que son sobre los que se basa la economía desde el siglo XIX, y los modos del software libre, que son sobre los que pensamos debe basarse la próxima evolución, o revolución, económica.
Pero mientras tanto estamos entre dos aguas, en territorio de nadie. En ciertos ámbitos el software libre está muy extendido: teléfonos móviles, servidores de todo tipo, electrodomésticos... pero es en el ámbito del usuario doméstico donde no acaba de cuajar, al igual que en el sector empresarial, en el puesto de trabajo.
Y es que los modelos adoptados, para la introducción del software libre en el mercado, distan tanto del que estamos acostumbrados que a lo mejor se debería establecer algún tipo de mezcolanza entre ambos para propiciar su despegue. ¿Por que no aprovechar lo bueno, o por lo menos funciona, siempre que no traicionemos nuestra filosofía?
Algunos, en nuestra defensa a ultranza de ciertos valores, olvidamos que mientras no sean adoptados mayoritariamente seguiremos siendo tratados como frikis, y para contrarestarlo no hay nada como empezar a luchar con sus propias armas. Tomando más en cuenta factores como el producto (pensar más en la percepción del usuario y en sus bienes complementarios y sustitutivos, ponernos en su lugar en definitiva) la distribución, promoción, y sobre todo, luchando contra la versión simplista del precio como principal arma.
Esa nueva economía llegará sin duda, pero no será este año, y posiblemente tampoco en los próximos cinco, ni diez, quizás en quince comencemos a ver algún síntoma, pero mientras tanto estamos atados al mercado como lo conocemos actualmente y es dentro de él donde nos moveremos.
En los próximos días profundizaré en los aspectos que me parecen más interesantes, pero hoy quiero simplemente dejar un apunte: La teoría del software libre empieza a ser conocida, son los hechos los que fallan. Toca arremangarse y seguir trabajando.