28 de octubre de 2019

Brecha digital versus brecha cívica

Unos días antes de la entrada de la primavera cayó en mis manos un antiguo número de la revista Telos, del año 2011, con un interesante artículo de Manuel Martínez Nicolás, titulado De la brecha digital a la brecha cívica. Acceso a las tecnologías de la comunicación y participación ciudadana en la vida pública. Desde entonces tengo pendiente publicar este post, ya que toca una cuestión que últimamente me interesa de manera muy especial.

Se ha hablado mucho de la brecha digital, la que se produce por las dificultades de acceso a las nuevas tecnologías por parte de la población, tanto por su coste económico, como por sus necesidades de formación. Menos relevancia ha tenido la llamada brecha cívica, que se define como la distancia en la apropiación política de las NTIC (proceso de uso, comprensión y relación entre nuevas tecnologías y sociedad), para lo cual es necesaria la implicación ciudadana.

En citado el artículo, su autor asevera que el potencial de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) para impulsar la participación de la ciudadanía en la vida pública exige no solo facilitar el acceso a las tecnologías, sino también afrontar las desigualdades en el grado de compromiso cívico de los ciudadanos.

Entre las tesis que estudia, la de movilización y la de refuerzo, indica que las dos asumen la existencia de una relación directa entre el uso político de las NTIC -y en particular Internet- y la implicación cívica; y de hecho ambas son perfectamente compatibles con la idea de brecha cívica.

Para la tesis de la movilización, a más uso político de las NTIC más implicación ciudadana. La del refuerzo, por contra, invierte esa relación: a más implicación ciudadana más uso político de las NTIC.

Si aceptamos, además, que existe una desigualdad entre individuos y grupos sociales en cuanto a su grado de compromiso y participación en la vida pública, el corolario al que conduce la tesis del refuerzo es la posibilidad de que el aprovechamiento del potencial político de las NTIC no esté sirviendo para estrechar la brecha cívica, sino para ampliar la distancia entre quienes ya están activamente implicados en los asuntos públicos, que usan las NTIC para reforzar su capacidad de intervención, y quienes no.

Creo que el artículo sigue plenamente vigente. Y de continuar siendo realidad esto último vamos camino de tener un problema grave, sobre todo por esas iniciativas que estamos planteando y que llevan implícitas una fuerte carga en el uso de herramientas y redes online.

La pregunta es cómo evitar esa brecha cívica o ciudadana. Hace años que se pusieron en marcha políticas para la reducción de la brecha digital, pero pasados los tiempos de la Transición, y tras las primeras décadas democráticas, pocas han sido las destinadas a una educación para la ciudadanía "activa". Está claro que a nadie se le puede obligar a participar, pero una vez proporcionado el acceso a las herramientas digitales nos queda el proceso de uso y comprensión de esas herramientas para una participación cívica o ciudadana activa.


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